A LOS INTELECTUALES NO SE LES TOCA

Hace poco más de una semana el escritor Salman Rushdie sufrió una puñalada en el cuello a manos de Hadi Matar. Todo el mundo mediático, político y académico se unió en repulsa a este deleznable atentado contra el autor de “Los versos satánicos”, llevado a cabo por un individuo autorradicalizado y admirador del Ayatolá Jomeini, quién ya en 1989 emitió una fatua exhortando al asesinato de Rushdie.

Hace cuatro días, el coche en el que iba la hija del filósofo y geógrafo político Aleksandr Duguin, Darya Dugina, de tan solo 29años, voló por los aires, dejándonos con la imagen de su padre llevándose horrorizado las manos a la cabeza frente a los restos ardientes del coche y el cuerpo de su hija en el suelo. Duguin sobrevivió, pero no Darya; ya que, por circunstancias del destino, el intelectual ruso decidió a última hora no montar en el mismo vehículo con el que pretendían volver a su hogar. Nadie, salvo Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos, ha condenado este deleznable atentado. 

 

¿Qué ocurrió después?

Al día siguiente del asesinato de Darya, el jefe de la SBU ucraniana en la región de Kirovogrado, Alexander Nakonechny, se suicidó de un tiro en la cabeza. Poco después, surgió la información de que el ataque fue llevado a cabo por un grupo terrorista de disidentes rusos autodenominado “NRA” (acrónimo de las siglas en inglés “Ejército Nacional Republicano”). El atentado fue proclamado por el exdiputado de la Duma y actualmente residente en Kiev, Ilya Ponomaryov, quien sonriente frente a la cámara de televisión ucraniana, se mostró orgulloso de la acción cometida, presumiendo, además, de que el atentado iba teóricamente contra padre e hija, a quiénes tachó consecutivamente de “cerebro” y “brazo ejecutor” de la política exterior rusa. 

 

Ponomaryov reconoció en la entrevista que la organización terrorista se encontraba formada por ucranianos y rusos tanto anarcocomunistas como de extrema derecha (muchos con experiencia militar) que estaban combatiendo en Ucrania y, a la par, operando en territorio ruso. Este último perfil coincide con el de los neonazis rusos Format 18, ilegalizados en Rusia y desgraciadamente conocidos por decapitar a un tayiko en 2007 (cuya grabación se hizo viral en internet), quienes se encuentran actualmente integrados dentro de la reencarnación de la ROA (Ejército Ruso de Liberación), formada por desertores de las fuerzas armadas rusas, y cuyo nombre hace referencia a los colaboracionistas rusos con el III Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Estos dos grupos combaten en Ucrania junto al Batallón Azov, al igual que lo hacen los otros grupos neonazis C14, Tradición y Orden, Centuria. Otro grupo que destaca son los aceleracionistas Misanthropic Division y su filial juvenil Feuer Nation. Todos comparten la idea de realizar una limpieza étnica en Europa haciendo uso del terrorismo como medio, mientras que Misanthropic Division, como grupo y red aceleracionista de carácter global aboga, además, por crear un etnoestado blanco sobre las actuales fronteras occidentales, a semejanza del Daesh en Siria e Irak, en quiénes se inspiran directamente en la ideología, estrategia, tácticas e incluso estética. 

 

Aleksandr Duguin y Darya Dugina ya habían avisado las últimas semanas que habían recibido más amenazas de muerte de lo habitual. Sus fichas aparecían en la base de datos pública ucraniana Myrotvorets, la cual utilizan miembros de Azov para señalar a individuos a los que exhortan asesinar. Entre ellos, destacan el excanciller alemán Gerhard Schröder, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, el político estadounidense Henry Kissinger o Roger Waters (el cofundador de la banda musical Pink Floyd). Por estos motivos, la ONU, países del G7 y grupos por los derechos humanos han denunciado repetidamente a Ucrania por permitir que esta base de datos pública y usada por neonazis siga activa. Posteriormente a la revelación de esta información y a las declaraciones de Ponomaryov, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, señaló al gobierno de Zelenski, acusándolo de “política de terrorismo de Estado implementada por el régimen de Kiev”; a lo que el asesor del jefe de la Oficina de Zelenski, Podolyak, respondió que Ucrania no tiene nada que ver con el asesinato de Darya Dugina. 

 

Al día siguiente del cruce acusaciones, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) ruso anunció que habían descubierto a la personaque perpetró el atentado: la ciudadana ucraniana Natalia Vovk, de 43 años, supuesta agente del SBU ucraniano, y quien habría servido en el Batallón Azov con el pseudónimo de Natalia Shaban. Una vez cometido el asesinato, el FSB explicó que Vovk huyó a Estonia, país miembro de la UE y de la OTAN. Tras las declaraciones del FSB, el responsable de Seguridad y Defensa de Ucrania, Danilov, negó las acusaciones de Rusia, afirmando que “no trabajamos así. Nuestros hombres y mujeres tienen tareas más importantes. No estamos involucrados en absoluto en la explosión que mató a esta mujer, es obra de los servicios secretos rusos”. Esta última acusación del gobierno de Ucrania no es anecdótica: es la piedra angular de la narrativa de la mayoría de medios de comunicación y expertos en antiterrorismo occidentales, quiénes (unos por ignorancia y otros por encubrimiento) siguen negando públicamente la amenaza neonazi existente en Ucrania, la cual se está extendiendo por toda Europa; tal y como llevamos alertando especialistas en la materia desde hace mucho tiempo o EUROPOL en su último informe TE-SAT 2022.

 

Tras las declaraciones de Danilov y en relación al asesinato de Darya, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, amenazaría directamente a Ucrania, declarando que “Rusia no tendrá piedad”. Finalmente, merece la pena destacar que el asesinato de Darya produjo una enorme conmoción en Rusia, y miles de rusos acudieron a su funeral, en el que Duguin señaló, entre lágrimas, las últimas palabras de su hija: “Papá, me siento como una guerrera. Y quiero ser así. No quiero otro destino (…)”.

 

Terminada la exposición de los hechos, ahora volvamos a la ausencia de condenas políticas, mediáticas y académicas occidentales del atentado que señalaba al principio de este artículo de opinión.

 

En estos últimos días he podido observar horrorizado cómo en mi propio entorno profesional el intento de asesinato de un intelectual (enemigo de Occidente), pero un escritor e intelectual como la copa de un pino, ha provocado una mezcla entre risas e indiferencia. Sí, risas. Alegría por la muerte de su hija. Memes con imágenes y texto de humor negro de cuestionable moral. Y,sobre todo, de una bajeza espiritual que produce arcadas. 

 

Todo el mundo habla de Duguin desde la invasión del este de Ucrania. Es normal, se hizo “trending topic” por su pasado político, por su relación con el Kremlin, por su relación con los populistas europeos, por sus polémicas declaraciones respecto a los ucranianos… Por todo. Por algo, algunos medios le llegaron a denominar como “el filósofo más peligroso del mundo” y “el Rasputín del Kremlin”. Pero lo más curioso de todo, es que, pese a hablarse tanto de él, muy poca gente del ámbito de los estudios estratégicos y militares españoles realmente le han leído. Lo máximo que saben la mayoría de Duguin es lo que citan algunos autores norteamericanos y periodistas especializados; y la reacción que genera nombrar siquiera su nombre en dichos círculos españoles es normalmente de asco y desconfianza. Un contraste curioso con respecto a los círculos militares estadounidenses, quiénes nunca han dudado en estudiar la obra de quien consideran su enemigo, por la importancia de conocerla. Se ve que los españoles a veces somos más “papistas” que el “Papa”, no vaya a ser que un superior te mire mal y de reojo…

 

Duguin no es un “asesor” del Kremlin como nos lo venden los medios. Quedarse en ese dato bastante cuestionado por diversos expertos occidentales de trascendente categoría sería quedarnos cortos. Duguin es el mayor geógrafo político que existe desde Mahan pasando por Mackinder hasta Wallerstein; alguien que ha dado literalmente la vuelta a todos los autores norteamericanos en la materia tras estudiarlos concienzudamente con el fin de crear una geopolítica propia, añadiéndole sus propias ideas; el último bastión de la disciplina geopolítica. Duguin es un filósofo que bebe de Marx, Heidegger, Evola, Sartre, y el máximo exponente del populismo a través de su cuarta teoría política; la cual, podrá espantar a muchos, pero se encuentra perfecta y orgánicamente teorizada a través de su crítica al liberalismo, el globalismo y el transhumanismo. Duguin es un titán de la filosofía, quien ha tenido la oportunidad de debatir con numerosos filósofos de todo el mundo, entre quiénes destaca su famoso debate de 2019 con el filósofo e intelectual francés Bernard-Henri Lévy. Duguin es muchas cosas maravillosas concentradas en una mente brillante, pese a su apoyo (de los cuales fue cofundador) al renacimiento del nacional bolchevismo de Ernst Niekisch y de todo el movimiento euroasiático; así como las investigaciones que apuntan a que es un espía, un provocador profesional y una persona muy influyente en Vladimir Putin, a la vez que crítica con éste. 

 

Con sus clarisombras, Duguin no deja de ser un genio, un personaje fascinante del que, aunque se disienta intelectual, ideológica y frontalmente, es imposible no aprender de él. Además de haber leído muchos de sus libros y artículos, tuve la oportunidad de conocerle personalmente en 2018, y pese a los problemas personales que he sufrido derivados del encuentro, no me arrepiento absolutamente para nada el haber tenido la oportunidad de conocer a un titán del mundo de las ideas como ya pocos quedan en este siglo tan mediocre, con excepciones puntuales como son Yuval Noah Harari o Slavoj Žižek. 

 

Tras el intento de asesinato de Duguin con el consecuente y repugnante asesinato de su hija, me gustaría compartir las siguientes reflexiones: 

 

La primera de todas, la hipócrita reacción que ha habido en la prensa, la política, la academia y la sociedad civil occidental frente a este atentado terrorista con respecto al del autor de “Los versos satánicos”. Da la sensación de que, en este siglo tan cafre,hay intelectuales que son “intocables” y otros que son “prescindibles”. Los asesinatos selectivos no son nada nuevo, pero los de intelectuales extranjeros (como hacen los yihadistas) ha supuesto un hecho diferencial, además de simbólico, en la escalada de este conflicto. En otro orden, es importante destacar cómo este fallido atentado contra Duguin, con el asesinato añadido de su hija, ha reforzado la narrativa rusa dentro y fuera de sus fronteras. No solo reforzado, se la han regalado.

 

La segunda, lo bajo que estamos cayendo moral, intelectual y espiritualmente como sociedad al celebrar muchos el asesinato de su hija, justificando lo injustificable; si seguimos a este ritmo, me va a costar dentro de poco diferenciar a algunos miembros del mundillo de la Seguridad y de la Inteligencia de militantes del Daesh. 

 

Tercera, la resonancia y analogía de los “rebeldes moderados” sirios con los militantes neonazis ucranianos, que, más allá de la propaganda rusa, es por desgracia muy real; y lo suscribe un servidor que lleva años estudiando el terrorismo neonazi; vamos a sufrir tras esta guerra y debido a las numerosas fallas estructurales de las sociedades occidentales un efecto boomerang en forma de atentados en una nueva oleada de terrorismo ultra que el lector no se lo puede ni imaginar. Para más información al respecto, recomiendo la obra colectiva “Aceleracionismo y extrema derecha ¿Hacia una nueva oleada terrorista?” (2020). Ya lo avisé en el libro: Ucrania será la Siria europea. Y lo está siendo de la misma forma que el país levantino, pero con neonazis. Distinto contexto, misma fórmula…

 

Cuarta, el suicidio de Occidente. Esta guerra se podía haber evitado frenando las hostilidades entre ambos bandos con diplomacia y con Inteligencia; especialmente con la segunda, cuyas técnicas de análisis y prospectiva se nombran públicamente mucho, pero se aplican poco. Seamos sinceros: esta puta guerra está solo trayendo muertes innecesarias, un aumento de las tensiones, y una crisis económica y energética que solo va a generar más precariedad, pobreza y protestas en Occidente de las ya existentes. El invierno que nos depara en Occidente va a ser calentito, y no precisamente por el radiador, sino por el “calor” humano de la desafección social y las protestas violentas que nos deparan; las cuales no serán precisamente por culpa de la desinformación e injerencia rusas ya existentes. Todas las decisiones de nuestros gobernantes van enfocadas a una “transición energética” todavía aún sin un consenso y sin clarificar que va a durar años mientras le compramos a los EEUU el gas significativamente más caro; los únicos que salen beneficiados de este conflicto y sus ramificaciones. ¿Y nosotros, los ciudadanos europeos, mientras qué? “Obedecer” las órdenes del Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell, quién llegaría a afirmar en su realidad paralela de mundo de yupis y acciones de Abengoa que “las sociedades europeas no pueden permitirse estar fatigadas” y que deben tener “paciencia estratégica”. 

 

Paciencia estratégica los cojones, vendehúmos. Si la precariedad ya era un fenómeno emergente, como muy bien dijo el humorista Ángel Martín, nos pidieron un esfuerzo con la crisis sanitaria. Después otro esfuerzo con la crisis económica derivada de la anterior. Y ahora van, y nos piden un esfuerzo más. Por una vez, como Martín señaló, que el esfuerzo lo hagan ellos. Y que miren un poco por las sociedades que gobiernan. ¿Rusia ha sido tradicionalmente un enemigo de Occidente? Sí. Pero los tenemos al lado, y tenemos que negociar con ellos para muchas más cosas que el gas, nos guste o no. Esa es una realidad geopolítica; lo demás, es un mundo de unicornios y de fantasía mediática. ¿Debemos como europeos preocuparnos por los DDHH auxiliando a un tercer Estado? Sí. ¿Debemos preocuparnos por nuestra seguridad y periferia estratégica? Sí. ¿Debemos pegarnos un tiro en el pie llevando la precariedad, la desafección, la polarización y la violencia a nuestras calles a través de sanciones impuestas que nada tienen que ver con apoyar logísticamente al ejército ucraniano? Desde mi punto de vista, un rotundo NO. Y desde luego, tampoco, dejarnos llevar por unos intereses extranjeros que, claramente, y a la vista de lo que está sucediendo en materia militar, diplomática, económica y energética, no son los nuestros. 

 

Ya ha muerto demasiada gente en esta guerra y, por primera vez, me opongo frontalmente a ella. Somos España y la Unión Europea, y este conflicto sabemos perfectamente que existe única y exclusivamente por las motivaciones económicas y geopolíticas del imperialismo ruso y estadounidense. Y que no es nuestra guerra, que la UE ahora mismo somos el extremo centro entre dos potencias que se están arreando mientras nosotros sufrimos las consecuencias de no habernos unido anteriormente con mayor celeridad (por injerencia extranjera), y de no haber podido desarrollar a tiempo un Euroejército para protegernos nosotros mismos sin tener que depender de las bases americanas (también por injerencia extranjera), entre más perlas. Y como le dijo un expresidente español a un allegado mío en relación al conflicto ucraniano, “mientras, China se frota las manos”.

 

¿Deberíamos entonces plegarnos a Rusia? Evidentemente, un rotundo NO. Pero por el bien del pueblo ucraniano, ruso y europeo, más las futuribles hambrunas para el tercer mundo derivadas de todo este conflicto, creo que ha llegado el momento de negociar. Y negociar no implica regalar, es el arte de dar a cambio de recibir algo. Llegar a un consenso, a un acuerdo. Y,sobre todo, en relación a los repugnantes comentarios y memes vertidos en el sector profesional al que pertenezco, no perder la perspectiva humana de las cosas, pues si algo he aprendido de todos mis colegas que son militares, es el sentido del honor, incluso con el enemigo. Saber honrar su valentía, porque es un adversario notable. E intentar actuar en la vida con caballerosidad, y no como ratas inmundas de cloaca, que, aunque en ocasiones necesarias, las cloacas se las dejamos por hoy a las ratas que se mueven por el underground. Por lo anteriormente referido, le doy,desde aquí y públicamente, mi más sentido pésame al Dr. Aleksandr Duguin por el fallecimiento de Darya Dugina. Y que, como padre que ha perdido a su hija, que encuentre la paz, así como el infierno los asesinos de Darya. 

 

Es la primera vez que escribo en nueve meses tras la despedida académica temporal que hice, pero dado que he pasado muchos años monitarizando el terrorismo neonazi para mis publicaciones académicas pasadas, sentía que debía romper ese silencio autoimpuesto: no solo al observar cómo el terrorismo ultra no para dramáticamente de crecer desde que se publicó la obra colectiva “Aceleracionismo y extrema derecha ¿Hacia una nueva oleada terrorista?” (2020), sino también para denunciar el suicidio colectivo hacia el que la sociedad europea va abocada con esta guerra fratricida. Ya que, por ejemplo, mientras escribo estas líneas, hay una alarma internacional porque prosiguen los combates en la central nuclear de Zaporiyia, mientras tertulianos y expertos debaten a cuántos países europeos y de qué forma nos afectaría un posible escape radiactivo.

ENRIQUE ARIAS GIL

Doctor en Seguridad Internacional IUGM UNED

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