El antifascismo de SCHRÖDINGER

El próximo noviembre publicaré, junto con mis compañeros Alberto del Campo de Sisteré, Jesús Alfonso Hernández Gámez, Miguel Jurado Gallardo y Manuel Sánchez Carrero un libro que se titula Aceleracionismo y extrema derecha ¿Hacia una nueva oleada terrorista? Esta obra es el resultado de una monitorización de un total de 255 canales de Telegram adscritos al terrorismo neonazi y aceleracionista y de la recolección de los 162 incidentes terroristas más destacados de la extrema derecha acontecidos entre los años 2017 a 2019. En ella, se realiza un análisis de la ideología, propaganda y medios de estos grupos, un análisis cuantitativo y cualitativo de las muestras recogidas y, finalmente, se aplica una metodología de Inteligencia estratégica y prospectiva con el fin de determinar los diferentes escenarios que se podrían generar en los próximos cinco años con respecto a este fenómeno. Unos escenarios, cuyos resultados, por cierto, no son nada alentadores.

Los resultados de la investigación coinciden con las tesis de expertos como la consultora estadounidense en Inteligencia Rita Katz, el politólogo francés Gilles Kepel o el filósofo esloveno Slavoj Žižek: tanto yihadistas como supremacistas blancos desean y buscan un “choque de civilizaciones”. En definitiva, son dos tipos de terrorismo que se retroalimentan, y no pararán de intentarlo hasta alcanzar el escenario de polarización social, de insurgencia y de enfrentamiento directo que ambos tanto desean. 

Con las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 3 de noviembre de 2020, el debate sobre el terrorismo de extrema derecha se ha avivado todavía aún más. Tanto medios de comunicación, como mundo académico y profesionales de la Seguridad han puesto ojo avizor a cualquier mínimo detalle que inspire una violencia de esta naturaleza. Un tipo de terrorismo, además, especialmente letal en el país norteamericano; siendo hasta el año 2020, su tipo de terrorismo doméstico más activo y más letal. No obstante, desde la pasada primavera, meses en los que se finalizó la obra anteriormente mencionada y ya próxima a su publicación, me comenzó a venir una idea en la cabeza: ¿Y si estuviéramos “infravalorando” la violencia y el terrorismo de la extrema izquierda?

A la izquierda, la estación de policía de Minneapolis, incendiada por Antifa en mayo de 2020. Y a la derecha,supremacistas negros de la milicia NFAC.

Que el lector no se asuste, por favor. Es una pregunta irónica. Vayamos al grano: sigo en redes sociales a unas 4.000 cuentas internacionales de personalidades del mundo de las fuerzas del orden, la Inteligencia, el antiterrorismo, etc. etc. Y en éstas, al igual que en fuentes de Internet, es raro llegar a ver informes públicos o trabajos académicos que investiguen en profundidad el fenómeno del terrorismo de extrema izquierda y con la misma determinación que se le aplica al de extrema derecha. O que lo condenen de igual forma… De este modo, como en el experimento del gato de Schrödinger, para quienes dominan el relato hegemónico en el actual mundillo de la Seguridad, ¿el antifascismo es una amenaza o no? ¿Está vivo o muerto?

Cuando vemos, como es el caso estadounidense, calles y comisarias ardiendo, centros comerciales saqueados, asesinato de policías, la Casa Blanca literalmente asediada y, lo que es peor, milicias armadas adscritas al supremacismo negro (de las que no se dice ni mú en el sector) como es el caso de NFAC (Not Fucking Around Coalition), quienes defienden la superioridad de los afroamericanos sobre cualquier otra etnia y la creación de un etnoestado solo para éstos… mi pregunta es ¿qué se está haciendo mal en el mundillo de la Seguridad para no valorar también esta amenaza? Una amenaza, además, que puede retroalimentar todavía aún más la del terrorismo de extrema derecha, puesto que cuando la extrema izquierda y el supremacismo negro van juntos de la mano en los Estados Unidos, el caldo de cultivo para algo peor está, desgraciadamente, servido encima de la mesa.

A todo esto, hay que añadir una segunda problemática. A quienes creen, por su sesgo ideológico o sectorial, que este es un problema meramente estadounidense. En parte tienen razón; la historia del país norteamericano nos ha mostrado ya en el pasadoescenarios similares como es el caso de Malcolm X y los Panteras Negras en los “floridos” años sesenta y setenta, o los disturbios de los Ángeles de 1992. Pero, por otro lado, están muy equivocados pensando que esto es solo cosa de la cultura política norteamericana. El fenómeno antifascista y la extrema izquierda han actuado con una letalidad terrible en las pasadas décadas también en Europa (véase la Fracción del Ejército Rojo o las Brigadas Rojas) o los casos de ETA, GRAPO, Terra Lliure o Resistencia Gallega en el caso de nuestro país, grupos todos ellos de inspiración marxista. Y quienes crean que todo esto forma ya parte del pasado, se encuentrandoblemente equivocados.

A la izquierda, la histórica iglesia de la Asunción cayendo derrumbada por las llamas. A la derecha, una antifascista festejando el incendio de la Iglesia San Francisco de Borja. 

El estallido social que se produjo este octubre de 2020 en Chile nos mostró una violencia inusitada (tampoco nueva en el país sudamericano), pero con una “novedad”mucho más grave: las imágenes de las históricas iglesias de San Francisco de Borja y de La Asunción completamente ardiendo. ¿Sus autores? Anarquistas insurreccionalistas. El mismo fenómeno terrorista que tiene atemorizada a Grecia, llegando éste a su punto álgido cuando en diciembre de 2017, el grupo anarquista griego Black-Green Commando (imitando las tácticas del Daesh) envenenaría varios productos alimenticios en supermercados de Atenas y Tesalónica, declarando posteriormente en su comunicado su odio a la sociedad capitalista, la Navidad y el consumo de carne. El mismo fenómeno terrorista que en Alemania provocaría el doble atentado de enero de 2019 perpetrado por la célula Antifaschistischer Frühling Bremen, quienes colocarían una bomba en la sede de Alternativa por Alemania de Döbeln (Sajonia); y quienes intentarían asesinar, días más tarde, a Frank Magnitz, presidente de Bremen de dicho partido político.

Imagen del político alemán Frank Magnitz tras intentar ser asesinado por una célula antifascista.

Y el mismo fenómeno terrorista que en España ha provocado numerosos atentados los últimos años (especialmente focalizados contra la Iglesia Católica), entre los que merece la pena señalar el envío de dos consoladores explosivos al director de un colegio de los Legionarios de Cristo en Madrid y al arzobispo de Pamplona (2012), la bomba desactivada dentro de la catedral madrileña de La Almudena (2013), la detonación de otra en la Basílica del Pilar de Zaragoza (2013) o los artefactos explosivos colocados en la calle Capitán Haya de Madrid y en las oficinas del Banco Mediolanum de Barcelona (2013). Atentados terroristas que serían reivindicados por filiales españolas de la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, entre quienes merece la pena destacar a los Grupos Anarquistas Coordinados (GAC).

Si algo ha caracterizado a la extrema izquierda a lo largo de toda su vida política, es el internacionalismo. Y el fenómeno “Antifa” (de “antifascismo”), su brazo armado más simbólico, no es algo ni tan nuevo ni tan “americano” como nos quieren vender en la actualidad algunos medios de comunicación. Y mucho menos, un “movimiento social” o una “idea”, como muchos políticos, periodistas, académicos o profesionales del sector nos pretenden imponer, engañándonos. ¿Qué implicaciones puede tener todo esto entonces de cara al futuro? Pues, valga la redundancia, que se internacionalice el actual proceso de violentización de la sociedad estadounidense. O dicho sin tapujos: que la violencia antifascista se pueda llegar a extender a todo el mundo Occidental: en Francia, en España o en Alemania, a cuotas como nunca se han visto con anterioridad. 

Caricatura de Ben Garrison criticando las declaraciones del candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, Joe Biden, tras el asesinato en octubre de 2020 de un seguidor pro-Trump en Denver a manos de un antifascista.

Estados Unidos es, en términos wallersteinianos, el centro geopolítico mundial. Lo que ocurra en ese lugar del planeta, acaba resonando siempre en el resto del mundo Occidental. Y por circunstancias del destino, también sus movimientos sociales; los cuales, como hemos visto los últimos meses, se han replicado en Reino Unido, Francia (véase también los Gilets Noirs), Bruselas o España, aunque con menor intensidad. 

La actual crisis que vivimos a la hora de escribir estas palabras es triple: sanitaria, económica y política (por el distanciamiento emergente de la ciudanía con las políticasneoliberales y su desafección por la democracia representativa). Si a todo lo anterior le añadimos el cambio de mentalidad que ha generado la Sociedad Red, la aparición del precariado como actor social emergente, los recortes sociales y, finalmente, el crecimiento electoral a nivel global de partidos etnopopulistas y neoconservadores (cuya mera aparición está provocando un incremento progresivo del antifascismo militante y violento), estos son solo algunos indicadores de cómo podríamos acabar presenciando un incremento de la violencia del terrorismo de extrema izquierda en los próximos años. 

La presencia en Occidente de un antifascismo militante, unido a la problemática delsalafismo (cada vez más presente en las urbes occidentales), provocará que se incremente a corto plazo el terrorismo de extrema derecha. De hecho, como curiosidad para el lector, algunos yihadistas ya han “soñado” con este escenario de tres actores terroristas retroalimentándose, tal y como aparece reflejado en el manual terrorista How to survive in the west: A mujahid guide (2015), cuando en la página 54 de este se afirma lo siguiente:

Cuando los musulmanes y las mezquitas sean atacados por los neonazis en sus manifestaciones violentas, los musulmanes harán contramanifestaciones junto con los grupos antifascistas. Aquí es cuando se activará tu papel como agente secreto. Podrás usar el dinero y las armas que has acumulado a lo largo de los años y transportarlos de manera segura al vecindario musulmán que necesite tu ayuda. Incluso podrás conocer a otros agentes secretos musulmanes como tú. Hombres, armas y camiones serán lo que usaréis para tomar el máximo número de calles estratégicas y ubicaciones de los vecindarios. La policía se pondrá del lado de los neonazis, por lo que destruiréis las comisarías de policía y capturareis sus armas. Es posible que se activen más células musulmanas durmientes durante este período de tiempo, trabajarás con ellas y harás alianzas con los no musulmanes que sean amistosos contigo para luchar contra las bandas enemigas.

La conclusión de este artículo de opinión es clara y directa: hay que acabar con todoslos villanos por igual, y no centrarnos más en “X” o “Y” actor, por los motivos que fuere, si lo que queremos es mantener intacto nuestro Estado de Derecho. El terrorismo se retroalimenta y los terroristas de extrema derecha no salen de la nada (como lassetas), de la misma forma que tampoco los de extrema izquierda. Para neutralizar el fenómeno del terrorismo en su conjunto, la acción policial o de la Inteligencia, por sí solas (aunque necesarias), no bastan. Hay que acabar también con el caldo de cultivo que lo genera. Y para ello, es necesario hacer autocrítica y construir voluntad políticapara poder vislumbrar qué estamos haciendo mal como sociedad e intentar solventar las fallas estructurales que generan el odio. 

En otro orden, respecto al tema de por qué en congresos, seminarios y jornadas de Seguridad y Defensa no se trata el antifascismo o el supremacismo negro como las amenazas que también son, de eso, hablaremos otro día. O mejor aún, dejemos que el lector despierte su imaginación al respecto. Una pista: tras todo el horror visto en las calles estadounidenses la pasada primavera, Trump propuso en junio de 2020 que se clasificara a Antifa como una organización terrorista. No se lo permitieron política, judicial y mediáticamente. ¿Por qué será?

 

Enrique Arias Gil.

Doctor en seguridad internacional.

 

2 pensamientos en “El antifascismo de SCHRÖDINGER

  1. Muy interesantes los artículos de Enrique, ¿se le puede seguir en alguna parte?

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