El hartazgo conceptual

Estoy harto. Completamente harto. Harto cada vez que voy a conferencias del mundillo y escuchar continuamente conceptos como “cultura de seguridad” o “resiliencia”. Y cuando se habla de “sociedad resiliente”, entonces ya es el acabose. Términos, en definitiva, con mucho “impacto”; otro palabro de moda en el mundo académico y profesional del sector de la Seguridad y la Defensa que no se para de repetir hasta la saciedad, pero con poca utilidad (como los anteriores conceptos) si no se lleva a la práctica. Después de estas líneas, seguro que más de uno entiende por dónde voy.

¿Por qué tanto hartazgo? Pues porque nos encontramos ante un bombardeo de conceptos que se repiten una y otra vez, pero que luego nunca se aplican ni se podrán aplicar si no se atiende previamente a las fallas estructurales (institucionales, políticas y sociales) que imposibilitan el llevar a cabo la teoría a la práctica.

El lector que lea estas breves líneas, si es asiduo a jornadas, seminarios y conferencias del mundo de la Seguridad y la Defensa, probablemente comprenderá a lo que me refiero; especialmente si es conocedor de la realidad “real” de un ministerio, de un cuartel, de una comisaría, de la calle o del zeta. Y sino, pues se lo explico.

Que un gerifalte o un listillo venido a más, sin conocer la realidad “real” de cómo funcionan a nivel operativo las cosas, se dedique a repetir públicamente un mantra hasta la saciedad no es algo que convierta la mierda en oro. De la misma manera, que no es oro todo lo que reluce, por mucho que a cualquiera con la capacidad de hablar se les revista de salones de actos, personalidades de alto nivel y acrónimos de mil instituciones.

Pero espere, que todavía no hemos terminado. Queda algo peor. Como los retos están hechos para superarse, en los últimos años ha surgido entre la nebulosa de actos públicos, medios de comunicación y centros formativos la figura de los “expertos”: esos singulares personajes venidos, no del mundo civil (que no es el problema), sino, literalmente, de la nada. De la nada, especifico, porque no son nadie. Individuos que no pertenecen ni al mundo profesional al que dicen representar ni tampoco al mundo académico. Personajes, además, que, en algunos casos, ni siquiera han terminado el grado universitario. Y que, por supuesto, desconocen la realidad de la calle. Vamos, gente con poca autoridad para hablar, tanto a nivel académico como profesional, pero con la dramática capacidad de dar “lecciones” a su público. Y lo que es peor, de instruir a la sociedad civil y FFCCSS, por poner solo dos ejemplos. Éramos pocos y parió la burra.

Si tuviera que lanzar una reflexión al vacío respecto a cómo funciona la Seguridad y Defensa en España, es que estamos anteponiendo la teoría a la práctica; y a los enchufados y charlatanes frente a quienes conocen de verdad el polvo, el sudor y el hierro; vamos, los que dan el callo y quienes conocen perfectamente la realidad de las cosas y por dónde empezar a cambiarlas, que son los que deberían tener más protagonismo de cara a la sociedad civil. Sino, ¿qué clase de “cultura de seguridad” estamos generando? ¿Qué “sociedad resiliente” va a surgir de todo ese mamoneo? ¿Qué clase de “impacto” va a tener en el público-objetivo (la sociedad española) el escuchar el mensaje de un “experto” que no sabe de lo que habla?

Soy consciente de que no he dicho nada nuevo sobre el horizonte, pero también de que más de un lector se sentirá identificado con la esperpéntica situación que describo. Pero dejemos de pensar por nosotros mismos, que eso está muy mal. Y mientras, chicos, repetid el mantra conmigo: “resiliencia”, “resiliencia”, “resiliencia”.


Enrique Arias Gil

Enrique Arias Gil.

Doctor en seguridad internacional.

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