La inteligencia horizontal como cambio de paradigma: hacia una sociedad resiliente y en red

El terrorismo del nuevo milenio, debido a su carácter asimétrico, autónomo y transnacional (ya sea de extrema izquierda, de extrema derecha o yihadista) supone una amenaza existencial y en red contra el actual statu quo que solo se puede combatir en red (y no bajo los viejos paradigmas organizacionales), ya que como señala el Dr. Agustín José Menéndez,

La “amenaza existencial” de Al-Qa’ida [y el Daesh] es tan solo una de las numerosas “amenazas existenciales” que han proliferado en las últimas [décadas] (…), [siendo] la multiplicación de [las] amenazas existenciales (…) la consecuencia inmediata de la renuncia de los estados al control de su entorno social y económico. Renuncia que trae en buena medida causa de la victoria del discurso neoliberal que “colonizó” el programa de los principales partidos políticos en las (…) últimas décadas. Una vez que el Estado renuncia a ser “valiente” y a hacer frente a los poderes sociales y económicos, una vez que el Estado se convierte en mera comparsa, cobarde, es inevitable que reaparezcan las “emergencias” a las que hubieron de hacer frente los estados democráticos de Derecho en el periodo de entreguerras (Menéndez, 2014: 123).

De este modo, la despolitización de la sociedad y el distanciamiento de esta respecto de sus políticos, obedecería a una de las causas estructurales del actual estado continuo de emergencia terrorista, ya que como prosigue Menéndez: «el brave new constitutionalism evita considerar las causas profundas de las emergencias y propone, de modo estructuralmente parecido a lo que fuera el caso en los años treinta, un populismo “plebeyo”, o lo que es lo mismo, la concentración de poderes en manos del presidente», justificándose de esta manera «una radical deriva ejecutiva» que relega a un segundo plano a la ciudadanía a la hora de poder participar en los asuntos públicos (Menéndez, 2014: 123-124).

El terrorismo del siglo xxi no se autoconstituye solamente como una amenaza existencial, asimétrica y transnacional que busca destruir nuestra sociedad y nuestros valores, sino también como una amenaza en red que debe ser igualmente combatida en red, y no solo desde las organizaciones piramidales, cuya efectividad, en la actualidad, es cuestionable. De este modo, cambiar de paradigma organizacional, en este caso, tendría que obedecer no solo a estrategias securitarias, sino también políticas: empoderando a la sociedad civil para que esta sea proactiva, no solamente en los asuntos públicos, sino también en materia de seguridad. Así, tal y como señalan Arquilla y Ronfeldt, «la aparición de una sociedad civil global estructurada en red» supone «un fenómeno (…) poderoso, duradero y transformador». De este modo, ante el reto que supone «un nuevo modo de conflicto (…) de baja intensidad (…) basado en formas de organización, estrategia y tecnología en red, en sintonía con la era de la información», será cada vez más necesario «el apoyo de redes formadas por la sociedad civil para combatir este nuevo modo de conflicto». Una nueva amenaza cuya diferencia con otras pasadas «es la estructura organizativa en red de quienes la practican»: caracterizada por «grupos que no cuentan con líder alguno (…) y la flexibilidad que les proporciona su capacidad de juntarse rápidamente para atacar como enjambres» (Arquilla y Ronfeldt, 2003: 9 y 26). Redes que, según Arquilla y Ronfeldt, «comparten y proyectan una historia común», lo que provoca que se dinamicen y fortalezcan atrayendo más «audiencia» a través del «factor narrativo» (Arquilla y Ronfeldt, 2003: 26). 

De esta manera, tal y como los expertos estadounidenses en contraterrorismo proponen, «las redes de la sociedad civil necesitarán poner más énfasis en este ámbito y hacerlo bien (…) considerando (…) necesario» (desde una perspectiva contraterrorista) «avanzar más allá del simple diagnóstico de las características del adversario en red de un conflicto determinado»: siendo crucial para los gobiernos, sus ejércitos y sus cuerpos de seguridad» el que «empiecen a funcionar en red ellos mismos». Ya que este es, según los expertos estadounidenses en contraterrorismo, «el mayor desafío que supone la aparición de la guerra en red» (Arquilla y Ronfeldt, 2003: 28-29).

La estrategia de Arquilla y Ronfeldt es clara y precisa: en una sociedad como la del siglo xxi que opera en red (y también los actores no estatales que practican el lado oscuro de esta forma de autoorganización) solo los estados que viren hacia la estrategia en red (abandonando el paradigma clásico organizacional) saldrán victoriosos en la guerra contra el terrorismo. De esta manera, los expertos estadounidenses en contraterrorismo acabarían señalando en el último capítulo de su libro que,

Cada estrategia tiene sus propios méritos, pero también sus riesgos (…) La elección de esa estrategia presupone que el equilibrio de fuerzas entre los estados y dichas redes todavía se encuentra claramente a favor de los primeros y que deben tomarse firmes resoluciones antes de que las redes criminales crezcan fuera de control (…) Como alternativa, los estados pueden buscar una estrategia de “faro” definiendo modelos que determinen si deciden adoptar la oposición o de apoyo activo [a estos fenómenos] (…) Los estados podrían acoger o cuidar activamente a los actores no estatales favorables (…) a sus redes, apoyando su desarrollo, favoreciendo su eficacia y trabajando conjuntamente de forma coordinada con ellos (…) Esto podría beneficiar al gobierno del Estado en caso de que las metas de ambos coincidan [teniendo además en cuenta el riesgo añadido de que la red pudiera acabar tan fortalecida como para provocar un conflicto de intereses con el Estado] (Arquilla y Ronfeldt, 2003: 371-374).

De este modo, para Arquilla y Ronfeldt,

La guerra en red -con su potenciación de los pequeños grupos (…) y su idoneidad para las redes sin líderes con capacidad para enjambrarse- debería inspirar un renacimiento estratégico entre aquellos que la practican o que se oponen a ella. Si se le permite medrar, este renacimiento conceptual nos llevará indudablemente lejos de todos los viejos paradigmas. La disuasión y la coacción no desaparecerán completamente como instrumentos de la política de estado; pero cada vez, con mayor frecuencia, se deberá intentar el uso de la persuasión, a medida que crece nuestra comprensión de la utilidad limitada del uso de la fuerza (Arquilla y Ronfeldt, 2003: 371-374).

Finalmente, los referidos autores afirmarían que el éxito de dichas redes de la sociedad civil dependería de los siguientes cinco niveles de actuación: a) El nivel organizacional (su diseño organizativo). b) El nivel narrativo (la historia que se está contando) c) El nivel doctrinal (las estrategias y métodos colaborativos). d) El nivel tecnológico (los sistemas de información), y e) El nivel social (los lazos personales que aseguran la lealtad y confianza) (Badia i Dalmases, 2011: 9). De esta manera, «las redes más robustas serán aquellas en las que el diseño organizacional esté sustentado por una historia de éxito y una doctrina bien definida, en el que todo está estratificado por sistemas de comunicación avanzados y descanse en fuertes lazos personales y sociales»(Badia i Dalmases, 2011: 9).

De este modo, contra las amenazas en red, debemos ser creativos en materia de inteligencia y apostar por nuevos modelos organizativos en red, dirigirnos hacia una “inteligencia horizontal”, tal y como se va a denominar a esta estrategia antiterrorista en esta investigación: haciendo un mayor uso de la “sabiduría de los grupos”. Una inteligencia que vaya más allá más allá del actual plan nacional de reserva de inteligencia: limitado a actores muy determinados como «universidades, centros de investigación, administraciones públicas u organismos, mundo de la empresa, think tanks, cooperantes, religiosos, exmiembros [de los servicios de información, o] antiguos corresponsales» (Arcos y Antón, 2010: 19). La ampliación de los círculos de destinatarios de la cultura de inteligencia (Blanco Navarro y Díaz Matey, 2015: 18) los últimos años ha supuesto, sin duda alguna, un acercamiento del mundo de la inteligencia a la sociedad civil, generando un feedback positivo entre ambas partes y un profundo impacto a la hora de recolectar y elaborar información, hasta el punto de llegar a reforzar la reserva de inteligencia de los estados. Pero es una medida insuficiente para un mundo en red en el que el enemigo sabe operar en la actualidad con destacable ventaja en este ámbito.

Por este motivo, el Dr. Antonio de Sousa Lara denunciaría en su obra El terrorismo y la ideología de Occidente (2007) que entre los diversos errores sistemáticos en la resolución del problema del terrorismo y del crimen organizado se encontraría el de que, por regla general, se busca combatir a los efectos de este fenómeno asimétrico, y no las causas que lo propician. De esta manera, el politólogo portugués afirmaría que,

Cualquier poder político que se relacione directamente con el atentado, crea una agencia nueva, contrata nuevos agentes, aumenta las condenas, instituye nuevas leyes para castigar esos crímenes, es decir, crea un ambiente que alivie al electorado y a la población en general con un refuerzo cuantitativo de las instituciones de represión, [mientras que nunca se resuelve] el divorcio entre la comunidad represiva y la sociedad en general (…) Uno de los corolarios más perversos de (…) la política contraterrorista (…) [es el] agravamiento del foso existente entre la comunidad represiva, es decir, las personas que físicamente constituyen el desempeño activo visible de los instrumentos de represión (policías, jueces, fiscales) y los contribuyentes desarmados. [Así], quien manda mantiene una regla básica originada del contractualismo ilustracionista que dice que toda represión legal pertenece en exclusiva al Estado (De Sousa Lara, 2007: 71-73).

 De este modo, el politólogo portugués finalizaría su defensa del cambio de paradigma en materia de política antiterrorista llevada a cabo por los estados, al afirmar que,

Dentro de este apartado hay que incluir otro error sistemático, el de considerar que el problema del contraterrorismo es un asunto propio de especialistas del Estado, civiles y militares, y no de la población en general. Confundir la competencia técnica y la responsabilidad institucional con la falta de participación de los destinatarios del terror, significa perder un arma fundamental para derrotar a esta amenaza. La población en general no debe ser confinada en un papel pasivo de espectador a la vez que víctima. Por el contrario, debe ser involucrada como parte activa, además de actor, en el combate que se desarrolla. Por otro lado, debe ser entrenada para reaccionar de la mejor manera posible ante la amenaza permanente. [Esto no es posible] porque el Estado burgués, democrático y capitalista no da muestras de querer alterar sustantivamente este estado de cosas. Por el contrario, insiste en mantener esta situación (De Sousa Lara, 2007: 71-73).

Así, siguiendo la tesis de Antonio de Sousa Lara, Hernández Martín afirmaría que «deberíamos tener estructuras reticulares antiterroristas»[2], señalando también en lo referente a las metodologías de aproximación al fenómeno del terrorismo que este,

Se configura como una amenaza compleja que desafía constantemente nuestras capacidades epistemológicas, heurísticas y metodológicas. Para hacer frente a esta complejidad, se parte de la premisa de que el abordaje de este fenómeno ha de realizarse desde un enfoque multidisciplinar, multisectorial, multidepartamental y en un entorno colectivo (partiendo de la teoría de la sabiduría de los grupos). No obstante, se observa de forma invariable, que la aproximación al problema de la radicalización se realiza desde una visión atomista, es decir, centrándose y reduciéndolo al individuo, intentado sin éxito trazar perfiles. Desconocemos si la “imposición” de este abordaje es fruto del peso que se le da al concepto de “lobo solitario” en los medios de comunicación, pero lo que tenemos claro es que se deja de lado el contexto relacional que rodea al individuo.

Por eso, y partiendo de esa premisa del enfoque multidisciplinar mencionada anteriormente, queremos reivindicar la importancia de la visión estructural, de la Teoría y el Análisis de Redes. Probemos a emplear no el individuo, sino la relación como unidad mínima de análisis, pues la estructura reticular que rodea al individuo ayuda a crear intereses e identidades compartidas y sobre todo mecanismos de legitimación de la acción y la toma de decisiones. Así que recuperemos las aportaciones de Simmel, Jacob Moreno, Granovetter, Milgram, Harrison White, [o] Mustafa Emirbayer: pues como sostiene Linton C. Freeman, «los lazos sociales generan consecuencias sociales» (…) El enfoque relacional no estaría exento de dificultades, ya que habría que operacionalizar el concepto de relación, elaborando marcos teóricos, pues en la mayoría de los estudios tal término deviene como algo axiomático y sobre todo gran parte de esa dificultad estriba en poner los límites en la red que se va a estudiar[3].

La comunidad ampliada de inteligencia se ha configurado como una estrategia innovadora que ha dado sus frutos a lo largo de los últimos años, fomentando «la colaboración público-privada en materia de inteligencia» (Ponsa Herrera, 2016: 4), pero sigue constituyéndose como un grupo hermético de actores que colaboran con el Estado. Tal y como afirman Arquilla y Ronfeldt, «quien maneje las estructuras en red contará con ventaja», ya que «una organización estructurada en red funciona mejor cuando posee la dinámica social, tecnológica y doctrinal adecuada»(Arquilla y Ronfeldt, 2003: 31 y 35). Y es por ello por lo que la comunidad ampliada de inteligencia debe extenderse, más allá del actual statu quo, a todos los estratos de la población: generando proactividad en la sociedad civil en materia de inteligencia a través una inteligencia horizontal. Ello supone, no solo reforzar la actual cultura de inteligencia, sino generar la suficiente cultura de seguridad compartida como para lograr que todos los ciudadanos se involucren voluntariamente en materia de recolección de datos y elaboración de información: pues como sostiene la Estrategia Española de Seguridad publicada en el año 2011, «la seguridad es responsabilidad de todos»(Gobierno de España, 2011). Y ante las diferentes amenazas en red, poder reaccionar en red con todos los medios posibles contra dicho reto: es decir, generar una sociedad empoderada con capacidad de resiliencia y de cooperación continua con los servicios de inteligencia que haga posible mejorar la seguridad dentro y fuera de nuestras fronteras. Es decir, tal y como la definiría Hernández Martín, generar una «retaguardia estratégica»[4].

La colaboración continua de la sociedad civil israelí con sus agencias de inteligencia[5], la iniciativa española de Stop Radicalismos[6], o la estrategia global dirigida por Anonymous para ridiculizar y hackear cuentas del Daesh publicando en estas pornografía y fotos de gatitos, son solo algunos ejemplos del potencial de la sociedad civil a la hora de movilizarse contra la lacra terrorista. Pudiendo ser aún mayor la colaboración de esta con el Estado si además los ciudadanos obtuvieran algún tipo de incentivo económico o profesional como resultado del esfuerzo individual.

Repitiendo la premisa de Arquilla y Ronfeldt de que «una organización estructurada en red funciona mejor cuando posee la dinámica social, tecnológica y doctrinal adecuada»(Arquilla y Ronfeldt, 2003: 31 y 35), debemos tener en cuenta que para alcanzar una inteligencia horizontal, no solo habría que tener en cuenta una mayor descentralización de una proporción determinada de los servicios de inteligencia (con la capacidad de operar en red de forma semiautónoma), sino que los ciudadanos que busquen cooperar con el Estado posean la formación pertinente en diferentes áreas para poder operar individual y eficazmente. Ello incluiría una cultura de seguridad compartida, una ética ciudadana, técnicas de análisis de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) y redes sociales de internet (SOCMINT), un conocimiento amplio sobre revisión de las fuentes de información o técnicas de contrapropaganda, entre otras materias. En definitiva, saber optimizar adecuadamente el potencial de las denominadas “multitudes inteligentes” como forma de organización social que nace de las tecnologías emergentes (Rheingold, 2004), con el objetivo de alcanzar un ciudadano estratégico (Berenguer Hernández, 2012) instrumentalizado y efectivo en materia de inteligencia que sea útil para los intereses de la nación, y nunca contraproducente[7].

Así, según el profesor de la Universidad de Stanford, Howard Rheingold, en su obra Multitudes inteligentes: La próxima revolución social (2002), los cuatro elementos requeridos para formar una masa sabia son: la diversidad de opinión, la independencia de los individuos, la descentralización y la combinación de mecanismos para convertir los juicios privados en decisiones colectivas. Por el contrario, entre los casos detallados de fracasos históricos, Rheingold destacaría el exceso de centralización (producto de una burocracia demasiado jerarquizada), el exceso de división burocrática (ej. cuando la información de una subdivisión no es accesible a otra) y el exceso de imitación entre los agentes decisores (Rheingold, 2004). Siguiendo las premisas de Rheingold, el periodista estadounidense James Surowiecki, en su conferencia Individuos independientes y grupos sabios, o ¿es posible estar demasiado conectado? (2005), plantearía la siguiente pregunta: «¿cómo se puede conseguir una interacción sin cataratas de información y sin la pérdida de independencia, que es un factor tan importante en los grupos inteligentes?»(Surowiecki, 2005, 16 de marzo). Entre las recomendaciones que plantearía, destacarían las siguientes: a) Establecer vínculos débiles entre los miembros. b) Cada individuo debe estar expuesto a tanta información como sea posible, y c) Hacer grupos cuyos miembros procedan de diferentes grados jerárquicos (Surowiecki, 2005, 16 de marzo). Así, tal y como afirmarían los expertos en terrorismo Philip Vos Fellman, Jonathan P. Clemens, Roxana Wright, Jonathan Vos Post y Matthew Dadmun en el capítulo Disrupting terrorist networks: A dynamic fitness landscape approach del libro Conflict and complexity. countering terrorism, insurgency, ethnic and regional violence (2014), «las organizaciones [y redes] que operen contra las células [terroristas] se pueden organizar de una manera más moderna, haciendo uso de las divisiones interconectadas y un uso de la estructura de gestión plana»(Fellman et al., 2006)[8].

Importante destacar que el paradigma de la inteligencia horizontal no tendría por qué lidiar ni crear conflictos de intereses o reticencias desde un plano ontológico y epistemológico con el modelo tradicional de inteligencia, así como tampoco tener que transformarlo sustancialmente: ya que como afirmaría la catedrática de filosofía, la Dra. Amparo Gómez Rodríguez, en su obra Filosofía y metodología de las ciencias sociales (2003), «la pluralidad de paradigmas no es incompatible con el racionalismo o el objetivismo si cada paradigma es capaz de definir sus propios conceptos»(García Selgas, 2014: 67). Por el contrario, la pugna si podría materializarse en el campo institucional, pues los diferentes organismos compiten tradicionalmente entre sí y podrían resistirse a llevar a cabo dicho cambio de paradigma[9]

La sociedad civil tiene mucho que aportar en el ciclo de inteligencia y el Estado no debe mostrarse ni reticente ni hermético a la hora de extender la comunidad ampliada de inteligencia a nuevos niveles, así como democratizar su conocimiento a todas las capas de la sociedad civil: ya que ello no supondría una amenaza que pudiera volverse contra el Estado, sino una ventaja estratégica en materia de seguridad de la que tanto este como la sociedad civil saldrían beneficiados, logrando reducir al mínimo el umbral de incertidumbre en la toma de decisiones. De esta manera, tal y como señala Roiz Parra en referencia a las enseñanzas del rabino, filósofo y médico cordobés Moshé ben Maimón (Maimónides):

Hay que enseñar teniendo en cuenta las aptitudes del discípulo, su gusto y su esfuerzo (…) [Así], lejos de temer que el conocimiento se extienda entre todos, Maimónides da a entender que la democratización del conocimiento esconde una perversión omnipotente que equipara el conocimiento con poder. Se trata de una identificación maligna que trivializa lo que la verdadera enseñanza implica (Roiz Parra, 2008: 70).

En una sociedad red, todo ciudadano, independientemente de su nivel educativo, posee un enorme potencial en materia de inteligencia, y por ello, debe ser formado en dicha disciplina para optimizar el proceso de inteligencia. De este modo, tal y como afirmaría el poeta castellano Sem Tob ben Ishaq ibn Ardutiel (Sem Tob de Carrión):

Muchas espadas de acero bueno y noble provienen de un escudo rasgado, y es del gusano de donde viene la fina seda (…) por nacer entre espinas, ciertamente la rosa no vale menos, ni tampoco el buen vino, por venir de las ramas inferiores del viñedo. No es menos valioso un halcón por haber nacido en una cuna pobre (…) (Roiz Parra, 2008: 32).

En definitiva, generar una cultura de seguridad y defensa que siga el referido principio del bitzu’ist (Toboso Buezo, 2016):es decir, en la que primen como una virtud personal y profesional, ante amenazas emergentes, las acciones resolutivas frente al exceso teórico (Toboso Buezo, 2016) y legislativo o el reporting fatigue. Así, siguiendo la perspectiva de la inteligencia horizontal, el bitzu’ist, según el filósofo estadounidense Leon Wieseltier, puede ser llevado a la práctica por todo aquel ciudadano virtuoso que busque involucrarse desde su campo profesional o académico en la defensa de su país (Senor y Singer, 2009), generando una retaguardia estratégica permanente y en constante evolución.

Respecto al papel de la contrapropaganda mencionado anteriormente, esta cumpliría un papel trascendental dentro de la inteligencia horizontal. No solo en materia contraterrorista, también frente a otras amenazas. Por ejemplo: ante la crisis secesionista del 1 de octubre de 2017, se produjeron movilizaciones ciudadanas masivas en toda la geografía nacional contra el referéndum ilegal convocado por el gobierno de Puigdemont, pero en la Red de redes, los secesionistas (lamentablemente) ganaron la primera batalla, la de la propaganda política. Así, mientras en las redes sociales de internet afloraban vídeos, discursos, powerpoints largos y anodinos, así como chistes espontáneos y amateur contra el referéndum ilegal y los actos provocados por los secesionistas, estos, por el contrario, lograron extender eficientemente a través de internet su discurso separatista a lo largo de todo el globo, haciendo uso de portales como Youtube, 9gag o 4chan, de plataformas como Òmnium Cultural o de vídeos virales como los del programa Polònia, de TV3.

De esta forma, los secesionistas ganaron prácticamente la batalla por los “memes”[10], la sátira política y los videos virales en la Red de redes, y con ello, conseguir parcialmente su objetivo de buscar criminalizar injustificadamente al estado español como un supuesto represor, ganándose el apoyo popular de gran parte de las bases sociales de la comunidad Occidental. Por el contrario, si los constitucionalistas hubieran poseído desde el principio una mayor cibercultura y conocimiento de la contrapropaganda, así como de la creación, edición y propagación de memes y contenido viral que la que mostraron inicialmente (o un ejército de trolls de internet[11]), se habría logrado contrarrestar desde los comienzos de dicha crisis el discurso separatista en la red y las consecuencias inmediatas que a posteriori generaría.

Con el ejemplo señalado, no hace falta describir la importancia de la propaganda política en internet contra el terrorismo y el crimen organizado, así como el relevante papel que habría tenido en el conflicto secesionista un uso adecuado, proporcional y continuo de la inteligencia horizontal frente a la amenaza emergente que representa la posverdad. Desde hace varios años, las redes sociales son utilizadas como armas de manipulación política y las acciones en red llevadas a cabo por grupos terroristas, potencias extranjeras y movimientos populistas se han llegado a convertir en una peligrosa amenaza asimétrica de carácter global, con el objetivo de subvertir el mundo occidental. Es por ello, por lo que la lucha contra el terrorismo en internet y en las redes comunitarias se plantea como un elemento fundamental en todas sus formas, y el cambio de paradigma hacia una inteligencia horizontal, un recurso necesario.

Nota sobre el autor:

Enrique Arias Gil es profesor en el Curso Avanzado en Bandas y Grupos Juveniles de Carácter Violento en el Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa (CISDE).

Referencias

  • Arcos, R. y Antón, J. (2010), “Reservas de inteligencia: Hacia una comunidad ampliada de inteligencia y seguridad”, Revista de análisis y prospectiva, 8, pp. 11-38.      
  • Arquilla, J. y Ronfeldt, D. (2003), Redes y guerras en red: El futuro del terrorismo, el crimen organizado y el activismo político, Madrid: Alianza Editorial.
  • Badia i Dalmases, F. (2011), “Entender las redes terroristas de mundo pequeño: Hacia un mundo post-Al Qaeda”, Documentos CIDOB Seguridad y Política Mundial, 7.
  • Berenguer Hernández, F.J. (2012), “El ciudadano estratégico”, Documento de Análisis del IEEE, 42/2012.
  • Blanco Navarro, J.M. y Díaz Matey, G. (2015), “Presente y futuro de los estudios de inteligencia en España”, Documento Marco del IEEE, 11/2015.
  • Dawkins, R. (2002), El gen egoísta: Las bases biológicas de nuestra conducta, Barcelona: Salvat Editores.
  • De Sousa Lara, A. (2007), El terrorismo y la ideología de Occidente, Madrid: Editorial Palafox & Pezuela.
  • Fellman et al. (2015), “Disrupting terrorist networks: A dynamic fitness landscape approach”. En P. Vos Fellman, Y. Bar-Yam y A.A. Minai (eds.), Conflict and complexity. countering terrorism, insurgency, ethnic and regional violence, Nueva York: Springer, pp. 165-178.
  • García Selgas, F.J. (2014), “Tres modelos teóricos generales en Sociología: Una «des-unidad» articulada”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 15, pp. 65-82.
  • Gobierno de España (2011). Estrategia Española de Seguridad: Una responsabilidad de todos, http://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasPublicaciones/Nacional/EstrategiaEspanolaSeguridad_junio2011.pdf
  • Mapfre, M. (2016, 17 de junio), ¿En qué consiste la holocracia?, https://blogmapfre.com/innovacion/en-que-consiste-la-holocracia/
  • Menéndez, A. J. (2014), “Los derechos a la libertad e integridad personal en el brave constitutionalism de Bush ii y Obama”. En J. Dorado (ed.), Terrorismo, justicia transicional y grupos vulnerables, Madrid: Editorial Dykinson, pp. 67-129.
  • Ponsa Herrera, F. (2016), “Ensanchando el pensamiento: la comunidad ampliada de inteligencia”, Notes internacionals CIDOB, 164/2016.
  • Rheingold, H. (2004), Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, Barcelona: Editorial Gedisa.
  • Roiz Parra, J. (2008), Sociedad vigilante y mundo judío en la concepción del Estado, Madrid: Editorial Complutense.
  • Senor, D. y Singer, S. (2009). Start-up nation: The story of Israel’s economic miracle (capítulo 6), New York: Twelve, https://books.google.es/books?id=cfU5AQAAQBAJ&lpg=PT79&dq=bitzu%E2%80%99ist&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false
  • Surowiecki, J. (2005, 16 de marzo), “Independent individuals and wise crowds, or is it possible to be too connected?”, Craphound.com, https://craphound.com/etech2004-wisecrowds.txt
  • Toboso Buezo, M. (2016), “El terrorismo individual durante el año 2015: Recalibrando la amenaza”, Análisis GESI, 1/2016.

ENRIQUE ARIAS GIL

Doctor en Seguridad Internacional IUGM UNED


[1] Las páginas que siguen son una modificación parcial del subcapítulo La inteligencia horizontal como cambio de paradigma: hacia una sociedad resiliente y en red, de la siguiente Tesis Doctoral: Arias Gil, Enrique (2019), Los actores individuales: un fenómeno terrorista emergente, Madrid: IUGM.

[2] Valoración obtenida de una entrevista realizada para esta investigación a Sergio Hernández Martín, analista de inteligencia y experto en análisis de redes.

[3] Ibídem.

[4] Término obtenido de una entrevista realizada para esta investigación a Sergio Hernández Martín, analista de inteligencia y experto en análisis de redes.

[5] Destacar también la importancia de la red sayanim, formada por voluntarios de todo el mundo que colaboran con el Mossad recopilando información de todo el globo para el estado hebreo, además de realizar tareas relativas a la financiación, la propaganda y la contrapropaganda. Un modelo de inteligencia que ha demostrado una enorme eficacia a lo largo de los años, y aplicable también para cualquier Estado que busque reforzar la inteligencia horizontal más allá del actual statu quo de explotación de fuentes.

[6] Stop Radicalismos: https://stop-radicalismos.ses.mir.es  

[7] Según el Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), el teniente coronel D. Francisco José Berenguer Hernández, el “ciudadano estratégico” sería todo aquel,

Ciudadano común que, impulsado por motivaciones distintas, desde las políticas a las religiosas pasando por su desempeño profesional, difunde a través (…) de los medios (…), [o] bien a través de su participación directa en redes sociales u otras aplicaciones de la red, contenidos que insultan o zahieren a determinados grupos sociales o desvelan información clasificada de las actividades de sus gobiernos o ejércitos (…) Aunque estas actividades son responsabilidad exclusiva suya, independientemente de la calificación penal que alcancen, o no, frecuentemente irradian su autoría y responsabilidad al resto de sus conciudadanos y al gobierno de su nación, cuando no al conjunto de la cultura a la que pertenece. Se trata por tanto de un salto adelante en cuanto a la progresiva desnudez a la que se enfrenta el control de la información ante la globalización de la comunicación y difusión de ideas. Es una realidad con la que hay que convivir y preparase para paliar sus efectos en lo posible, ya que evitarlo se antoja no ya imposible, sino indeseable (Berenguer Hernández, 2012: 3-5).

Así, según el Teniente Coronel,

Las inmensas posibilidades de comunicación en manos prácticamente de cualquier persona están alterando una vez más los paradigmas. Del mismo modo que las acciones individuales de miembros de las FAS o de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad pueden alcanzar una dimensión estratégica por los efectos de su acción, grabada o registrada de algún modo y a continuación subida y replicada por las redes sociales y los medios convencionales, más recientemente se han unido a esta capacidad (deseada o involuntaria), el conjunto de los ciudadanos, que comprometen seriamente las pesadas arquitecturas de planeamiento estratégico y la diplomacia de su país con una vulgar viñeta o un video casero de corta duración. Esta tendencia es irreversible ya que la libertad de expresión individual, dentro del marco de la ley, no solo es necesaria sino irrenunciable (…) [por lo que] los ciudadanos occidentales deben también de reflexionar acerca de las consecuencias en este ámbito que sus actos pueden tener y hacer uso de su libertad de expresión con responsabilidad (Berenguer Hernández, 2012: 6).

[8] Se entiende por estructura de gestión plana u holocracia al «sistema de organización en el que la autoridad y la toma de decisiones se distribuyen de forma horizontal en lugar de ser establecidas por una jerarquía de gestión»(Oliver, 2016, 13 de febrero). Según sus defensores, este paradigma «organizacional proporciona más agilidad, transparencia y participación» (Mapfre, 2016, 17 de junio). Para comprender mejor el papel de la holocracia a la hora de generar sociedades resilientes se recomienda consultar la teoría de las dimensiones culturales del psicólogo social holandés Gerard Hendrik Hofstede: aplicable tanto al campo de las relaciones entre culturas nacionales como al de las culturas organizacionales.

[9] Valoración obtenida de una entrevista realizada para esta investigación a Sergio Hernández Martín, analista de inteligencia y experto en análisis de redes.

[10] Un meme es un concepto o idea que se replica y muta como un virus a través de internet en forma de texto, audio, vídeo o imagen, dada la rápida velocidad a la que circulan por la Red de redes, multiplicándose la transmisión de estos a medida que los usuarios los reenvían o modifican en redes sociales, correos electrónicos y protocolos de comunicación. El origen del término se remonta al libro El gen egoísta (1976), del etólogo británico Richard Dawkins, quien defiende que «la transmisión cultural» a través de los memes «es análoga a la transmisión genética» (Dawkins, 2002, 247). En los últimos años los memes han resultado ser una poderosa herramienta de la propaganda y la contrapropaganda política (llegando incluso a formar parte de la guerra asimétrica), en casos como la manipulación rusa en Occidente, la guerra de Siria o las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016.

[11] Un troll de internet es toda aquella persona que, bajo un anonimato o mostrando su nombre real, busca crear un conflicto o aumentarlo en la red, ya sea por motivos personales o políticos: distribuyendo, para ello, mensajes o memes a través de foros, redes sociales o protocolos de comunicación, con el objetivo de provocar una respuesta negativa entre los usuarios. Por otro lado, un ejército de trolls es toda aquella red de ciberactivistas o ciberterroristas que, actuando independientemente o bajo las órdenes de un gobierno u organismo, buscan crear o fomentar una tendencia política en un país o polarizar a su sociedad para conseguir un fin. Para este último caso, es común el uso de cuentas falsas y bots.

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