Control de jamones

La semana pasada le regalé una paleta ibérica de la Sierra de Huelva a un amigo. Tras
despedirnos, la sujetó firmemente entre sus manos, se dio la vuelta y se fue feliz.
A los treinta minutos me llama tremendamente preocupado, diciendo que un control
de la Guardia Civil (armado) le ha parado en una carretera camino a su casa, que la
agente le ha quitado rápidamente la preciada paleta sin decir nada y que puede que se
lo lleven en plena noche al cuartel. Resulta que unos desaprensivos habían robado,
justo ese día, un montón de jamones en un almacén de ese área… Situación
tragicómica.
Le digo a mi amigo que me ponga con la agente, para que hable con ella. Coge el
teléfono y me pregunta:
– «Buenas noches caballero, hemos parado a su amigo porque iba portando un
jamón en su vehículo. El resto ya lo sabe, se lo ha contado. ¿Podría indicarnos,
por favor, la procedencia de ese jamón?»
– «No se preocupe agente, es un pata negra de Huelva», respondo serio y
educado, conteniendo el ataque de risa que me iba a dar.
La cosa quedó finalmente en nada. Ante la ausencia de factura, la agente me traslada
que, tras hablar conmigo por teléfono (quien compró el jamón), apuntarán el nombre
de la marca, recogerán los datos de mi amigo y que le dejarán irse con su jamón. Que
si hubiera algún problema con la procedencia de éste, que se pondrían en contacto
directamente con él. Y que, por favor, que intentara recuperar la factura por si hubiera
algún problema los siguientes días.

Pero la cosa no quedó ahí. Resulta que el jamón iba en posición vertical en el asiento
del copiloto y con el cinturón de seguridad abrochado. Normal, una paleta ibérica es
algo que hay que cuidar bien. Y claro, los agentes, al ver la pata gorrina asomar por la
ventana del vehículo se pusieron alerta. Todo en orden.
Mi amigo pasó un mal trago. Más allá de la situación de los agentes armados
parándole, cacheándole, cogiéndole los datos, haciéndole todo tipo de preguntas y
registrando exhaustivamente su vehículo… porque casi pierde su preciado jamón. Esa
paleta ibérica que tanta ilusión le hizo. La primera vez que le regalaban algo así. Le
costará olvidar la imagen de la agente, de espaldas, llevándose a toda prisa el manjar
porcino, mientras éste gritaba desesperado desde el coche: «¡¡¡Mi jamón!!! ¡¡¡Mi
jamón!!!».

Control de jamones de la Guardia Civil. Un asunto serio, pero que me ha recordado a
las películas de José Luis Cuerda o José Luis López Vázquez. Por último, solo me queda
darles las gracias a los agentes, especialmente a la mujer que me atendió al teléfono,
por su actitud empática y comprensiva ante semejante situación, que podría haber
acabado peor. Y desearles que detengan a los ladrones.
¡¡¡VIVA LA GUARDIA CIVIL!!!


Enrique Arias Gil.

Doctor en seguridad internacional.

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