Satanismo y crímenes de culto satánico

Solo hay una cosa peor que un tonto, y es un tonto motivado porque corre el riesgo de superar todos los límites. Los movimientos sociales se forman por individuos con diferente grado de participación en función de variables dinámicas y el Satanismo como movimiento social que contiene una filosofía, no está exento de un activismo a diferentes niveles de afiliación.

El tema se ha tratado de forma extensa en una parte de la obra Entre el Orden y el Caos, hacia un modelo europeo de uso de la fuerza, publicada el pasado mes de marzo y accesible en el hipervínculo. Se presentan el orden y el caos, el segundo como un subproducto de la complejidad desde diferentes perspectivas sociales, todas ellas con un sistema de creencias y un activismo más o menos comprometido que puede llegar a lo criminal cuando aparecen casos de radicalización y perfiles concretos, ya sea radicalización religiosa o política.

Entre sus más recientes manifestaciones, ahora en Estados Unidos, que acabarán trasladándose a Europa a través de la cultura, está la Gala del Museo Metropolitano de Nueva York 2022 donde se marcan las tendencias de moda, un evento celebrado el pasado 2 de mayo en que se escenificó la apertura de una puerta al infierno del que salían las modelos vestidas como demonios y con nombres de demonios. Parece algo inocente, pero la cultura no es inocente porque penetra en la sociedad a través de la imagen hasta crear un código en que se normalizan unos valores que pretenden invertir lo que se considera bueno y lo que se considera malo para transformar lo inaceptable en aceptable y viceversa.

 

Recientemente también, fue viral la noticia de que la actriz Megan Fox (35) había declarado que bebía sangre en rituales satánicos con su novio Machin Gun Kelly (47), reconocido como adorador de Satanás, y conocido por promover el Satanismo a través de su música. Que el Satanismo era una corriente cultural hegemónica en Hollywood ya lo había declarado Mel Gibson (autor de La Pasión de Cristo), asegurando que “el consumo de sangre de bebés era algo corriente en estos círculos sociales”, a los que habría sido invitado a participar en el año 2000.

El hecho es que, si bien hay una parte filosófica inocente en apariencia como una corriente más en un entorno de libertad de expresión, también existen grupos afines y un movimiento social que cada vez de forma menos discreta, es refugio identitario de quienes se identifican con los famosos que lo promueven o de quienes buscan un grupo al que pertenecer. Es importante el fenómeno si entre estos individuos hay pacientes psiquiátricos con facilidad para vivir su versión personal de la realidad, facilidad para ser manipulados y cometer hechos violentos para adaptarse al grupo o incluso llegar al suicidio. Un ejemplo de tales casos podría ser el parricidio como el de Godella (Valencia), que también se comenta en el documento, en que la madre y asesina de sus dos hijos reunía la triada completa, era consumidora de estupefacientes, era activista de izquierdas y había participado en prácticas rituales paganas.

A efectos de investigación en estos casos no se va más allá de la autoría directa, salvo que sean muy claras las evidencias de que ha existido una inducción al delito, pero hay que valorar que no se trata de crímenes racionales en que existe una lógica de coste y beneficio, sino más bien crímenes como los de naturaleza yihadista, que obedecen a fundamentos delirantes. Y por tanto hay que plantearse si detrás de un yihadista que actúa como lobo solitario existe un proceso de radicalización e inducción al delito sobre un perfil vulnerables, por ejemplo, en prisión, la misma lógica aplica para otros delitos de naturaleza irracional que además se concentran en el tiempo y en el espacio como se expone en el libro. ¿No es la inducción al terrorismo yihadista acaso una forma de trata de seres humanos? ¿Y la inducción a otros delitos?

Desde el punto de vista policial podemos hablar de tráfico y trata de seres humanos en caso de que se explote a unas personas para beneficio de otras, especialmente si son niños, como anuncia toda la campaña propagandística conservadora de Q, con gran parte de desinformación y opinión. A pesar de las teorías de la conspiración, existe un interés policial que se presenta en la obra, donde nos referimos al manual de crímenes de culto satánico del Departamento de Justicia de Estados Unidos o al manual de investigación de esta clase de crímenes de la Policía del Estado de Michigan. Ambas fuentes están disponibles en el documento.

Explicamos de qué manera el satanismo como movimiento liberal tuvo su auge en los años 70 y 80 en los Estados Unidos, pero redujo su visibilidad en los años 90 y se está recuperando por una parte de la población que defiende ideas progresistas en el marco de organizaciones sociales y políticas. El movimiento también tiene su ramificación en España, aunque no tiene tanta visibilidad, pero como fenómeno de interés policial hay que reconocer que existe un auge de los delitos cometidos contra libertad religiosa denunciados por los cristianos, y los ataques a cementerios para el expolio de restos humanos, así como una serie de hechos macabros que tienen más relevancia en la ciudad de Valencia y sus pedanías.

¿Dónde está el límite?

Como en toda corriente de pensamiento, religiosas o movimientos sociales, el Satanismo posee rituales propios, símbolos, fechas y objetos de culto, todo ello está protegido legalmente por el derecho a la libertad de culto o por el derecho a la libertad de expresión y manifestación, pero llevado al extremo pueden conducir al crimen, y no sigue un modus operandi único, sino un abanico de ellos. El límite está en los derechos fundamentales.


Juan Pablo de Anca Cuesta

Fundador de Una Policía para el Siglo XXI

Autor de Entre el Orden y el Caos, hacia un modelo europeo de uso de la fuerza

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